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“El Síndrome de la Amapola Alta”

¿Eres una persona con méritos, destacada en el ámbito laboral y personal y te sientes criticada y atacada por los compañeros de trabajo y personas de tu alrededor a causa de estas habilidades y logros?. Esto se conoce como el Síndrome de Alta Exposición o Síndrome de la Amapola Alta. Este término peyorativo fue utilizado en el Reino Unido, Irlanda, Australia y Nueva Zelanda para describir este fenómeno social por el cual personas con méritos genuinos son criticadas o atacadas a causa de que sus habilidades o logros las colocan por encima de sus colegas o las distinguen de ellos.

Este término fue acuñado por Heródoto en sus historias (Libro 5, 92f), citado luego por Aristóteles en Política (Libro 5, Capítulo 10), y en la obra de Livio Historia de Roma, Libro I.

Heródoto, Las historias, Libro 5, 92-f:

Él (Periandro) había enviado un heraldo a Trasíbulo y le consultó de qué forma podía él gobernar mejor y de forma más segura su ciudad. Trasíbulo condujo al hombre enviado por Periandro fuera de la ciudad, y lo llevó a un campo sembrado. Mientras caminaba entre el trigo, preguntando constantemente porqué el mensajero había ido a verlo a él desde Cípselo, iba cortando los brotes más altos de trigo que veía a su paso, y los arrojaba al camino, hasta que hubo destruido la mejor y más rica parte de su sembrado. Luego, regresó a su morada y sin una palabra de consejo, despidió al heraldo. Cuando el heraldo regresó a Cípselo, Periandro estaba ansioso por escuchar el consejo que había traído el heraldo, pero el hombre le explicó que Trasibulo no le había dado ninguno. El heraldo agregó que en realidad lo había enviado a ver a un hombre muy extraño, un loco y destructor de sus posesiones, y le contó a Periandro lo que le había visto hacer a Trasíbulo. Sin embargo, Periandro, comprendió lo acontecido, e interpretó que Trasíbulo le había aconsejado cortar a aquellos ciudadanos que tenían habilidades o influencias fuera de lo común; por lo que comenzó a tratar a sus ciudadanos de una forma desconsiderada y malvada.

Aristóteles utiliza la historia de Heródoto en su Política, (Libro 5, Capítulo 10) al referirse al consejo de Trasíbulo a Periandro en el sentido de “eliminar los tallos más altos, sugiriendo, que era preciso eliminar a los ciudadanos más eminentes”. Según el relato de Livio, el tirano rey romano, Tarquino el Orgulloso, recibió un mensajero de su hijo Sexto Tarquinio preguntando qué debía hacer en Gabii, dado que era el más poderoso allí. En lugar de darle una respuesta hablada al mensajero, Tarquino fue al jardín, tomó un palo, y lo pasó simbólicamente por el jardín, cortando los extremos de las amapolas más altas que crecían allí. El mensajero, cansado de esperar una respuesta, regresó a Gabii y le contó a Sexto lo que había visto. Sexto entendió que lo que su padre le recomendaba era matar a todas las personas eminentes de Gabii, cosa que hizo.

Brian Sher, nos habla en su libro “Lo que los ricos saben y nunca explican a nadie”, que todos somos únicos en algo pero que a la mayoría se nos ha empujado hacia la mediocridad y el conformismo, obligándonos a pasar desapercibidos.    Y al que se atreva a destacar corre el riesgo de ser víctima de este síndrome.

En opinión de Sher, tenemos que atrevernos a brillar, a ser únicos, a convertirnos en el polo opuesto a la mediocridad porque eso es lo que permite destacar.

Me pregunto, que si nos encontramos a una persona destacada/destacable  a nuestro alrededor ¿hasta dónde podríamos llegar para librarnos de su amenaza? ¿Los atacaremos sin descanso? ¿Intentaremos por todos los medios buscar sus defectos? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar  para eliminar su sombra? ¿Es mejor rodearnos de mediocres que nos bailen el agua?

Y si los brillantes somos nosotros ¿nos autocensuraremos para evitar ser víctimas de este síndrome?